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jueves 9, septiembre 2010 | fecha de publicación 09/11/2009
Alvear 10, segundo piso. Secretaría del bloque.
 

Los pies en el barro (ante todo)

Por: Dr. Marcelo Herrera, DNI 17579954

Acerca de los conceptos vertidos por el Dr. Rogelio Crespo, el día viernes último, con motivo de cumplir un año de gestión al frente del Hospital Municipal, no puedo menos que disentir con el enfoque sanitario puesto de manifiesto, además de objetar los dos o tres puntos que se enumeran como logros de la actual gestión. Por lo que me siento conminado a opinar, como ciudadano, profesional de la salud que no puede trabajar en nuestro hospital y como ex funcionario del área.

Mi primer disenso es con la presencia de una figura oscura, a los efectos administrativos y del organigrama municipal, de un auditor en el nosocomio. Cabe preguntarse las funciones, alcances y límites del mismo, que seguramente se detallarán en el decreto de nombramiento, que no trascendió, aunque el mismo Dr. Crespo, abonó la idea de que, el citado profesional auditor, complementaría su propia función de Director, dado que carece del tiempo suficiente para realizar el trabajo asignado (“…me lleva 4 ó 5 horas, firmar papeles, atender a la gente, por lo que el Dr. Miró, son los ojos que me dicen que está pasando en el hospital”. Palabras más o menos, fue la explicación de por lo menos una de las tareas de Miró, es decir mirar). Otra de las posibles tareas del cuestionado Auditor, sería la de soporte técnico del Director, ya que las hipótesis de por qué el hospital funciona a un 25% de sus posibilidades evidentemente, dada la reiteración de conceptos de uno y otro, provienen del hasta ahora vituperado aunque sabio, Auditor.

Aquí es necesario resaltar que, en resumen, la causa principal de la subutilización hospitalaria sería o es, para Crespo y Cía., la escasa internación clínica o quirúrgica que los médicos locales realizan en el centro de salud municipal, con fines lógicamente comerciales. Es obvio, aunque no lo dijo, que se refiere a las internaciones de mutualizados o con obras sociales, dada la velada insinuación de un supuesto antagonismo “clínica-hospital”. Pero el Dr. Crespo y su circunstancia, nada dicen de la atención, ya sea en guardia o en internación, en mesa de entrada como en quirófano de los miles de ciudadanos saltenses, niños y adultos, que asisten al hospital, privados del derecho de elección entre uno u otro servicio o porque les gusta. Lo que a las autoridades del hospital sólo les interesan, de acuerdo a sus dichos, son aquellos pacientes a los cuales se les pueda facturar servicio. Cómo se entiende sino, que hable de un hospital vacío. ¿O los pobres e indigentes, tampoco asisten a la consulta?, si es así, ¿por qué causa es así? De ellos, de la mayoría, de los que históricamente asisten al hospital, no dicen nada. Y al callar, otorgan una peligrosa contradicción, que es el hospital público puesto a recaudar y el enemigo en ésta batalla son los médicos avaros del servicio privado, que se niegan a compartir dividendos con el solidario hospital.

Dicho de ésta manera, hasta se supondría que hago una defensa acérrima de la clínica. Pero cómo en ella apenas soy un marginal devaluado, ése concepto no prosperaría. Por otra parte, me sentiría el hombre y el médico más feliz del mundo si existiría en Argentina un sistema único de salud. Pero parece que a Moyano y a Zanola no les cierra.

Por lo tanto, un hospital público, más allá de su eficiencia, debe ser igualitario, gratuito y de libre acceso, nadie tiene la obligación de atenderse en él, pero para los que no tengan otra opción, es obligación de las autoridades de hacer de él un lugar digno y con las mejores atenciones que se merecen los que padecen. Luego y sólo luego vemos cómo es que convocamos a los que no se atienden allí.

Dr. Crespo, UD que es una persona de bien, que desea un hospital de excelencia, no sólo en lo arquitectónico, no olvide a los mejores pacientes que tiene el hospital público, los pobres. Sólo ellos auditarán de manera eficiente su gestión.

Dudo que el Dr. Miró sea útil en la función en la cual UD lo requiere, pero menos útil y hasta aventurado lo es como médico de guardia en Pediatría o en Terapia. Vea de cerca el trato que les dan a los empleados de su hospital, administradores y demás autoridades incompetentes. No lea más el diario de Yrigoyen que le escriben, porque ello es peligroso, no para UD, sino para la gente, que además de pobre, está enferma.

Planifique a partir de allí, desde los que necesitan, no desde los números y su gestión será exitosa.

Además, hemos tenido el lamentable privilegio de soportar a autodenominados especialistas, como el circense asesor en tránsito y el no menos peculiar auditor, que al verlos accionar, o no accionar, sólo se puede decir que son “exegetas del oportunismo”, por militancia política unos y por amistad o complicidad otros. Aunque lo peor de todo, no es el dislate de escucharlos subidos a sus endebles egos auto construidos, sino que ocasionan daños irreparables, por la pérdida de tiempo y recursos económicos, por el nulo resultado de sus asesorías, que conllevan riesgo de salud para la población y por defraudar a la misma, avalados, para cerrar el círculo de defraudación, por la mayoría automática del, por su culpa, ya nada honorable concejo deliberante. Lamentable, señores.

 

 

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